reflections

28 de Febrero de 2007 CLASIFICADOS

Aprovecho este, mi espacio, para poner un anuncio.
A ver si cuela, quien no llora no mama, aunque yo siempre me equivoco y digo quien no mama no llora.
Pues bien, necesito alguien a quien le sobre o quiera invertir 6000 euros ( esto último queda mejor), aunque en realidad lo ideal serían 30.000 y si me apuráis mucho pues 300.000. No flipeís tanto, para el que tiene pasta esto no es tanto dinero.
Querido inversor, no te preocupes, no es para montar ningún negocio de trata de blancas, narcotráfico o tráfico de armas.
Te prometo, querido inversor, que mi idea de negocio es la ostia de buena y que a un plazo, no sé si largo o corto, te forrarás, o no, pero…y lo que mola arriesgarse en esta vida? Además, que coño, sólo es dinero.
Amigo inversor, mi mail está al lado izquierdo de este humilde blog, así que mueve tus dedos y mándame un mail para decirme que sí, que tienes no 6000 euros, si no 300.000 oh yeah.
PD: También lo pongo en inglés, por si acaso:
I need a stockholder

21 de Febrero de 2007 Enamorada de la moda juvenil

A pesar de haber estudiado diseño y haberme chupado desfiles, revistas de moda y libros al respecto, la moda es una cosa que jamás me deja de sorprender, a veces para bien y a veces para muy mal, casi de un modo trágico.
La moda también es cíclica, es casi como algo humano, nace, crece, se reproduce y llega un día en el que la palma.
Pero al contrario que nosotros, la moda siempre acaba por volver, bueno, y nosotros no lo sé, el mundo zombi siempre está en mi mente. Suele ser al cabo de unos veinte años, no me preguntéis porque es así ya que no tengo ni idea.
Recuerdo ver fotos de mis padres con pantalones de campana, me horrorizaba ver aquello, a la vez también me hacía mucha gracia y mientras tanto pensaba “no pienso ponerme una cosa así en mi puta vida”.
Años después los pantalones acampanados causaron furor entre la población juvenil del planeta y como tenía una falta de personalidad algo acusada pues no quise ser menos y me los acabé comprando.
Pues eso, que casi todo vuelve, los pantalones acampanados, los altos de talle, los pitillos, las plataformas, la pana, etc… menos mal que no ha pasado lo mismo con las hombreras ochentenas, no creo que pudiese superar ese shock.
El caso es que me he dado cuenta y no creo ser la única que un nuevo horror está surgiendo de ultratumba, desde las profundidades del averno.

No sé que puto gurú de la moda se ha atrevido a sacarlas o si en realidad es una especie de movimiento callejero que debido a los problemas económicos que sufre la población juvenil española ha decidido sacarlas de algún basurero municipal o mucho peor aun, de Humana.
El caso es que ya he visto muchos grupos de modernos en Barcelona y por Madrid usándolas, incluso en tiendas de ultra diseño las venden también, al módico precio de ¡15 eurazos¡ pa cagarse, esa mierda en el mercadillo las gitanas las venden a 3 euros y ya es mucho pedir.
Pues eso, si este verano queréis ser los reyes de la tendencia ya sabéis, id al baúl de las cositas que vuestras mamas guardan de cuando erais peques y seguro que aun las encontráis. Por lo que a mi respecta esta vez no pienso doblegarme ante las exigencias de la moda.
Lo que me temo es que la cosa puede ir a peor, mucho peor, pronostico que para el verano del 2008 se llevará esta infamia:

Estás horribles zapatillas de gimnasia con goma en el centro que te cortaba la circulación de la sangre, cuando te las quitabas tenías una enorme hinchazón en todo el empeine del pie que tardaba siglos en bajar, algunos dirán “ay coño, pues como una erección” pero como no tengo rabo pues no lo sé si es igual o no. Recuerdo que todos en gimnasia las usábamos y todos teníamos un corte de tijera en el centro de la goma para evitar algún problema bascular.
Esto me hace recordar una canción que me gustaba mucho de pequeña, bueno, no era tan pequeña, igual tenía doce o trece años, vamos que ya era menstruadora y usaba sujetadores “Everthing old is new again”.

Fotos extraidas de Zapatoule

2 de Febrero de 2007 Pelillos a la mar

Mi barba tiene tres pelos, tres pelos tiene mi barba, si no tuviera tres pelos ya no sería una barba.

Un tío se carga a su familia, lo detienen y va y dice que lo hizo porque creyó que, su mujer, su suegra y sus hijos eran en realidad ¡avestruces asesinas! He escuchado excusas chungas en mi vida pero esta se lleva el premio a la excusa más surrealista jamás contada. Mundo loco, yeah.
Pues nada, este año se inicia con nuevos cambios en mi vida, después de más de diez años sin mover un puto músculo salvo para coger las perchas más altas de las tiendas de ropa, he decidido volver a bailar, pero bailar del ballet clásico, oyes. Volver, como el titulo de la peli de Almodóvar, volver a algo que nunca debí dejar.
En mi primer día de clase, antes de salir de casa se me presentó una duda que me paralizó. La cosa es que hace una década, cuando bailaba y compartía vestuario con las demás chicas pues la moda de por aquel entonces era llevar el chichi al natural, no habían depilaciones brasileñas ni rasuramientos completos, cada una llevaba su kiwi como quería y la verdad es que la tendencia en aquel momento era que no había tendencia, el chichi bien peludo y sanote, la flor bien escondida y más referencias a Almodóvar “La flor de mi secreto”, y tan secreto, habían algunas que tenían tanto vello que podía ser equiparado a la selva amazónica con su flora y su fauna.
Claro, las cosas han cambiado mucho desde entonces y la temática de la peluquería púbica, hoy en día, es muy larga y extensa.
Lo cierto es que no sabía que hacer, un rasurado completo no me gusta nada, además eso tiene que doler más que una muela picada y podrida, estéticamente no me gusta nada, no sé, me vería muy rara y luego el consiguiente crecimiento del pelo en el parrús, el picor que eso debe generar es algo a lo que no estoy dispuesta a pasar ni sufrir.
Lo de dejarme un flequillín tampoco me emociona demasiado y eso de dejarte cuatro pelillos a lo loco como que me resulta hasta ridículo.
Opté por arreglármelo un poco, ni mucho ni alopecico, algo medio, ni pa ti ni pa mi.
Cuando llegué al vestuario respiré tranquila, allí había de todo, rasurados, lanudos, con flequillines y amazónicos, lo que yo definiria como la globalización del chichi.
Y es entonces que llegó a la conclusión de que al igual que está pasando con la moda, cada uno se puede vestir como le sale del chumino, nunca mejor dicho, pues con la peluquería pubica ha pasado lo mismo.
La moda ha roto fronteras y hoy somos más libres y nuestros pubis también. Oh yeah.