reflections

27 de Octubre de 2006 dime de lo que presumes, te diré de lo que careces, chato.


Hasta Lejandro ha llevado un camel toe en toda regla, seguro que hasta un mullet.

Una vez conocí a un tipo, bueno, no es que lo conocí una vez y ya está, de hecho tuve mucho contacto con él, casi a diario. No, tampoco era un novio ni nada por el estilo, muy lejos de eso, creo que mi condición de mujer no le interesaba demasiado.
El tipo ya tenía cierta edad así que tenía mucha vida recorrida. Disfrutaba contándonos sus andanzas y todas sus movidas, por lo visto había tenido una vida más que interesante, pero era en la faceta sexual donde más le gustaba explayarse, no se cortaba un pelo.
Recuerdo la primera vez que hizo referencia a eso. Fue en una conversación trivial( sí, no sé porque acabo, siempre hablando de sexo con todo el mundo, lo cual para mi ya se ha convertido en conversación trivial) hablando de la sexualidad de Alejandro Sanz. Creo que alguna preguntó si pensábamos que si era gay, por los rumores y comentarios que corrían a cerca de él. El tipo ni corto ni perezoso dijo que “Pues claro que es maricón, de echo yo me lo follé cuando aun él era muy jovencito”. Le pregunté si fue durante la época en la que se hacía llamar “Alejandro Magno” el tipo titubeo un rato y luego afirmó rotundo.
Otro día también nos contó que si el príncipe de Mónaco durante sus años mozos había sido muy guarrila y que un día en no sé que discoteca de Barcelona el Monegasco se había metido en un lavabo y que si se lo había cepillado todo quisqui. Alguna le preguntó que si el también aprovechó la circunstancia y otra vez afirmó rotundo.
Y así con casi todos los cantantes actores y famosos del país.
A mi no me gusta demasiado que alguien me hable de sus proezas sexuales, no por nada, sólo que tengo una memoria muy cinematográfica y acto seguido me puedo imaginar a esa persona realizando el ayuntamiento carnal. Pues eso me pasaba con él, y la verdad, la visión era como menos que pavorosa y chirriante a mi cerebro.
Otro día volvió a salir la conversación sobre Alejandro Sanz, yo directamente, no sé porqué le pregunté si pensaba que lo era y muy pensativo calló durante un rato y dijo que no lo sabía, que era muy posible que no, yo me callé y pensé “pero coño ¿no nos dijiste que directamente te lo habías follao?”.
También dijo que hablaba a la perfección el francés, alemán, inglés, árabe y portugués que te cagas, hasta que un día vino una chica noruega y el hombre tuvo más que serios problemas para decirle siquiera un “Hello how are you”. También vino un par de chicas brasileñas y tres cuartos de lo mismo “Molto brigado” y va que chutaba. También llegó una chica arabe pero ya ni se atrevió a decir un “salam malecum” o como se quiera decir, na, que se le vieron las orejas al lobo y menos mal que no dijo que tenía nociones de Hungaro porque fijo que habría venido algún mozalvete de Budapest y me habria gustado ver como se lo montaba para comunicarse con él.
Por lo visto también dijo que era íntimo de la duquesa de Alba y que había sido invitado a la boda de su hija, pero que por motivos de curro no pudo ir. Lo mismo para la boda de la infanta Elena, no pudo ir por motivos de trabajo.
O cuando le dio por ir de gracioso y se tiró dos putos años haciendo la gracia de “la suficie”. Se lo decía a todo el mundo, incluso a una japo que andaba por allá, muy maja ella y se quedaba con cara de pan duro cada vez que él le decía aquello, sin venir a cuento de nada “¿Y la suficie que eh?” y a mi me entraba vergüenza ajena y le reía la gracia por no dejarle tirao.
Yo no entendía demasiado porque, con los contactos tan heavies que parecía que tenía o decía tener, siguiese dando clases en un puta academia de barrio de tres al cuarto.
Él por lo que nos contó había sido, traductor, bailarín, modisto de altos vuelos y más profesiones dignas que ahora no recuerdo, ah sí, y que había llevado un restaurante de lujo a la edad de 7 años, no sé donde estaba UNICEF entoces para denunciar la explitación infantil.
Ya no lo he vuelto a ver pero echo de menos sus fantochadas y las bolas que nos metía, o igual le infravalorábamos y en realidad había tenido una vida la mar de interesante y fructífera, nunca lo sabré.

25 de Octubre de 2006 YO SOY LA JESSI


Quiero ser la representante de esta chica para la segunda entrega de la Juani.

Ufff, que abandonaico que tengo esto, no es porque no tenga nada que contar, no, lo que ocurre es que tengo una agenda personal muy apretada, ya sabéis de que va eso, viajes de negocios, reuniones laborales a go-go, fiestas y saraos a las que no puedo faltar ya que tengo que amenizarlas con mi natural e indiscutible gracenco y una intensísima vida social que no me da tiempo de respirar y descansar un rato, si es que soy una mujer muy ocupada… bah, a quien quiero engañar.
Fui a ver “Yo soy la Juani” y bien, aun no sabría decir sí me gustó o no, ero para saberlo podría hacer una listilla de las cosas que me molaron o no. Un dos tres responda otra vez:
Me gustó:
- La prota, la chica que hace de la Juani, a mi me gustó, la vi, como dirían los que entienden de cine “muy fresca y natural”. No sabría decir si en realidad lo hace bien porque no tiene que interpretar ningún papel y en realidad es un poco así o es que estámos ante la nueva revelación del espantoso panorama cinematográfico español.
- Que para ser una peli de Bigas Lunas, que es un pajero de tres pares de narices, tú lo sabes, yo lo sé, vosotros lo sabéis, él lo sabe no salen tantos culos, coños, pichas, y folladas. Bueno, sí que sale algún culo, no recuerdo si algún chichi, alguna follada, y cero pollones.
No me gustó:
- Parece un video-clip y al final parece un anuncio de compresas.
- Vanilla Ice ha vuelto desde el pasado más noventero.
- Qué en realidad “Bigas el pajero” contratase al alelao de “El canto del loco”. No por sus cualidades actorales, que en realidad, si lo pienso bien, no lo hace tan mal ya que seguramente haga de sí mismo. Entonces, en los tíulos de credito se debería haber puesto “Dani Matín as Himself”.,si no que para llenar el cine de jovencitas pre-puberes que mojan las tangas viendo al cenutrio cara pan de Dani Martín.
- La Juani no es tan choni como yo esperaba, no sé, Bigas el pajero nos la vendió como una descripción de las tecno-lolis poligoneras y cutres que todos hemos visto y no, no se parece ni un ápice a lo que en realidad es, ni por la chungueria, ni por el vestuario ni por la garrulería. Faltó más perfilador de ojos negro azabache de un cm de ancho, más pantalones rosas ajustados y acampanados, chandals, más oro amarillo y más Regetton. Yo incluso habría añadido algo de Batuka.
- No hay frases míticas cómo: “tus tetas saben a tortilla de patatas” en Jamón Jamón, o está que me encanta, porque una también tiene sus momentos románticos “He cruzado todos los océanos de este mundo para saber que no puedo vivir sin ti…” en Son de mar, ay (suspiro), qué bonito.
- Que el vestido que lleva al principio de la peli parece más el traje de trabajo de un travestí chapero que el de una choni. Yo creo que ni ellas se pondrían semejante espanto.
- Qué visto lo visto no me contratasen a mi para la sección de estilismo.
Bueno, entonces, viendo el resultado supongo que ahora llego a la conclusión de que la peli en sí mismamente no me gustó demasiado.


En fin, tantos siglos de evolución humana para que todo acabe así, no nos perderemos nada nuevo si los coreanos nos tiran una bomba atómica.

Eso sí, yo al señor “Bigas el pajero” le habría recomendado visitar esta página y así documentarse mejor de lo que es una auténtica choni. Ya es tarde, porque la peli está hecha, pero por si las moscas se le ocurre hacer una segunda parte de las aventuras de la Juani, pues que le de un repasón a esta web, que da muy buena y extensa información a cerca de el submundo, inframundo, según se mire, Kie y Cani.


Y para cuando todo haya acabado siempre quedará algún pequeño indicio de lo que fue la raza humana en sus últimos estadios. El arte rupestre nunca desaparece, y los hombres del futuro mirarán estos gravados y así sabrán que hay ciertas cosas de la historia de la humanidad que jamás han de volver a repetirse, aunque el ser humano sea la única especie que se tropieza dos veces con la misma piedra

2 de Octubre de 2006 Sí, el trabajo dignifica al hombre.


Ni yo lucía con una sonrisa como la de la moza y ni llevabamos unas indumentarias laborales tan sofisticadas.

Bien bien bien, si nada raro ocurre y últimamente no pasa nada raro en mi vida, esta tarde firmaré mi carta de libertad “liberdad a Pauli” y me iré a la fila del paro en breves momentos.
En un post anterior me hacía la pregunta de “y ahora ¿qué?” pues eso, que ya va siendo hora de ponerme manos a la obra y hacerme millonaria de una puta vez, que me lo merezco, coño.
He tenido muchos trabajos, como diría una amiga mía “menos de puta he hecho de todo” y desde luego no puedo decir que hayan sido trabajos que dignifiquen el alma y esas cosas que se dicen sobre el trabajo que de cierto, son todas falsas.
Mi primer empleo fue, como el de muchos jovenzuelos, repartidora de correo comercial y aunque fue una puta mierda de trabajo, ahora, con la perspectiva de los años me doy cuenta de que a pesar de todo fue uno de los mejores que he tenido.
Las razones eran varias: no tenía horario, lo hacía cuando me salía del pussy, si un día no me apetecía ir, pues no iba y punto, pero obviamente no cobraba. Iba sola la mayoría de las veces, lo que también era una ventaja sublime, ya que cuando me cansaba de repartir pues cogía y me las piraba a casa. Nunca repartía la totalidad de los folletos, así que en unos meses me encontré que el balcón de mi casa se había convertido en un auténtico museo de folletos de todas clases, total, la jefa que tenía era una auténtica hija de la gran puta estafadora y explotadora, así que mis remordimientos eran -0.
Que personaje ese, “la Manuela”. Tenía la empresa en su casa, en verdad parecía más el centro de de operaciones de un camello que el de una respetable mujer de mediana edad empresaria.
Un piso pequeño, pero que por las mañanas se veía invadido por mogollones de chavalines, yo incluida en busca de nuestros folletos para repartir.
Tenía un hijo pre-adolescente, con cara de gilipollas y de ser el típico que recibe todas las collejas de clase, como iba de mañanas siempre lo veía recién levantado, con el pijama aun puesto y cara de cretino matutino. Con su pijama de rayas se levantaba como un puto zombi e iba directo al lavabo, era asqueroso escuchar como el chorrito de su orín hacía ese ruido de goteo, espectáculo no muy recomendable si no habías desayunado aún.
La tía se aparecía de entre las cortinas con un batín de ir por casa, un rulo gigante en el flequillo para darle forma y no sé que mierda goteante en la cara para dejarla tersa. Un día la curiosidad me picó y le pregunté que era lo que se había puesto, me dijo que era pura miel de abeja para refinar sus rasgos. La verdad, la imagen de aquella mujer con ese pegote en la cara era algo así como repugnante.
El resto de tíos de la empresa decían que en realidad era extracto de semen de su marido que cada mañana le apuntaba a la cara con el nabo y ella aguardaba ansiosa su dosis de crema facial, sí, mis compañeros eran un dechado de sutilidad y buen gusto.
Por aquel entonces estaba pasando por mi época grunge e iba vestida tal y como esa moda mandaba, así que sexy no lo estaba mucho, pero al ser la única tía de la empresa me hizo ir a repartir a mano ( lo que más detestaba) unos folletos de un puticlub llamado “Showgirls”. Ella me dijo que sólo debía entregárselo a tíos mayores, así que ahí estaba yo, con cara de mala hostía, vestida de Kurt Cobain y entregándole folletos a todos los tíos que tenían cara de viejos verdes.
En otra ocasión, también con un reparto de folletos en mano fui atacada y agredida por una indigente que me metió una hostia en la cabeza, con la mano abierta que me estampó contra la pared. No reaccioné ante el ataque, simplemente me quedé con cara de alelada preguntándome si lo que había ocurrido fue realidad o fruto de mi imaginación al recibir mucha radiación solar.
O el día que repartí publicidad en La Mina, barrio conflictivo por antonomasia y unos niños gitanos me robaron el carrito de reparto, con enfrentamiento incluido por recuperarlo. No lo recuperé y casi me llevo una somanta a palos.
También cuando mi hermano me la jugó. Teníamos que repartir miles y miles de folletos, extrañamente él acabó como tres horas antes que yo, lo cual me llenó de dudas. El muy cabrón había tirado todos los folletos al container y no sé cómo le pillaron, total ese fue el último día de trabajo para él, y yo no cobré el mio.
En fin, supongo que fue un trabajo de mierda, pero mira tú, lo recuerdo con cariño.