Y a mi que el mate ni me fu ni me fa y mira que lo he intentado pero nada.
Año 1978 0 79, no lo sé pero más o menos fue por ahí que desembarcamos en Barcelona procedentes de Buenos Aires. Al igual que nosotros otros muchísimos argentinos también llegaron aquí en busca del sueño europeo o algo así.
Por supuesto que ni mis padres ni ninguno de sus amigos hablaban catalán así que eso daba pie a algunos malentendidos.
El suceso fue más o menos así:
Escena: mi padre está no sé donde tranquilamente tomándose un mate seguramente. En la tranquilidad de su momento matero irrumpe un amigo suyo ultracabreado y con la furia desatada. La acción transcurre así (imaginad la escena en acento argentino mode).
Amigo: la reconcha de la vaca (concha= coño)
Papa: Che, que te pasa pelotudo.
Amigo: Hijo de puta (muchos argentinos usan el “hijo de puta” continuamente aunque no estén cabreados). Che, estaba caminando por la cashe cuando de repente vi una tienda con un cartel en la entrada en la que desía (desía= decía) que no le vendían ni a moros ni argentinos. Vamos a romperle la cara.
Papa: (siempre con la calma y el mate en mano) Ché pará boludo, seguro que no leíste bien.
Amigo: No hijo de puta, vamos a romperle el cristal y luego le rompemos el horto a patadas (horto= culo).
Papa: Che, calmáte, si querés cuando acabe el mate vamos a la tienda y tranquilamente vemos que pasa, y pará boludo que vos sos muy hinchapelotas.
Amigo: Ta bien pelotudo, andá, acabá rápido.
Acto II y último:
En la tienda.
Amigo: sha shegamos ¿ves como dise que no venden ni a moros ni a argentinos?
Mi padre andaba metido en el tema bisutería así que no le costó comprender que era lo que decía exactamente el cartel.
Papa: Che hijo de puta, andáte a la re concha de la vaca ¿no sabés que dise aca?
Amigo: Sí boludo, no soy gil, dise que no vende ni a moros ni argentinos, le voy a romper la cara de una cachetada..
Papa: Pelotudo, pone en catalán que no venden “ni or ni argent”. Huevón, que no venden NI ORO NI PLATA.
O cuando mi padre pasaba delante de un mural callejero en el que había una paloma dibujada y debajo él leía “!Qué torninja¡”. Cada vez que pasaba por allí no dejaba de preguntarse que era una torninja, hasta que llegó a la conclusión de que una tornija era una paloma.
Efectivamente era una paloma, de la paz y la frase en realidad decía !Qué vuelvan ya! En catalán “!qué tornin ja¡ No creo que siga pensando que bonitas tornijas hay en Barcelona.
Me encanta cuando mi padre me cuenta estas cosas.
Aún no hay comentarios.
RSS feed para los comentarios de esta entrada.
Lo siento, el formulario de comentarios está cerrado en este momento.
|