reflections

8 de Enero de 2006 Iker, ese genio por descubrir, o no

Aquí tenemos la prueba viviente de que los zombis si que existen y dan mucho, mucho miedo.


Iker Jiménez
crea en mi persona diferentes emociones cerebrales y físicas a cual más contradictorias e inexplicables.
Por un lado está su faceta radiofónica. Tengo que reconocer que si estoy sola en casa me es casi imposible escuchar su programa Milenio 3, es muy simple: me acojono irremediablemente. La regla para que pueda escuchar su programa nocturno es que en casa tiene que haber alguien, si no, me crea un sentimiento de inseguridad y de pánico incomprensible que me llevan al delirio y al tormento. Supongo que al factor de que hay noches que tocan temas de miedo se sumen las melodías fantasmagóricas y recreaciones que hacen no me ayuda demasiado a tener una mente despejada y coherente.
Una noche en la que no había nadie en casa me dije a mi misma que con dos cojones que era capaz de escuchar el programa. Antes de que comenzase hice una especie de relajación muy sui generis y como mantra me fui repitiendo una y otra vez que el miedo está en mi cabeza (qué imbecilidad, eso es lógico). Enchufé el transistor y me dije “ok, alla vamos, probemos mi grado de valentía”. Sólo escuchar que el programa de esa noche iba sobre espiritismo y tablas guija los vellos corporales se me pusieron como escarpias, tampoco ayudaba demasiado el hecho de saber que yo en mi no tan lejana adolescencia había realizado esa practica por solo diversión, pero…¿Quién no lo ha hecho alguna vez?. A medida que el programa avanzaba mi grado de acojone iba en aumento, a tal punto que mi cuerpo adoptó una ridícula y absurda rigidez. Tapada hasta arriba con la manta, casi al punto de la asfixia ¡qué gilipollez! como si la manta te fuese a salvar de cualquier fantasma o ente hectoplásmico que por ahí se pasase. Sí señores, los seres humanos tenemos reacciones estúpidas e incoherentes frente al miedo. Yo soy de las que jamás pueden dejarse una pierna o una mano colgando fuera del colchón, no vaya a ser que el ser terrible que me acecha desde la oscuridad me vaya a tocar uno de mis miembros colgantes. Sí, llamadme oligofrénica.
Decidí que probablemente lo más lógico e inteligente era cambiar de emisora. Acabé escuchando un programa sobre toros, la elección no fue mucho mejor, aunque sí más tranquilizadora, o no, bueno, no sé.
Así que finalmente pude corroborar dos cosas que ya sabía: mis miedos rozan lo insano y no puedo ver ni escuchar en soledad algo que supuestamente de miedo.
Pero por otro lado está la faceta televisiva de Iker, la cual me produce una cierta hilaridad y por otro lado, una especie de sentimiento de compasión ya que me da la sensación de que está haciendo el más grande de los ridículos, vamos, como a mi cuando me da el ataque de pánico sin venir a cuento de nada. Sí, también me compadezco de mi mismamente.
Pero es que una cosa es escuchar su voz desde las ondas radiofónicas, lo cual puede, fácilmente hacer que tu subconsciente se recree en tus temores infantiles y otra muy diferente ver su jeto de sinceridad y de bobo crédulo ( me hizo gracia aquello de bobo solemne que dijo Rajoy) que pone en cada caso que expone.
Bobo crédulo…!coño¡ eso también es aplicable a mi persona, mucho me temo.
Buenas Ikerianas noches tengan.

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