reflections

4 de Octubre de 2005 EL DIARIO DE TU MADRE

Personajes oscuros, terribles y abyectos han existido a lo largo de la historia. Empezando por Hitler, el gran cabronazo; Pol Pot y sus gemeres rojos, Kennedy, Reagan y la Thatcher.
Pero desde hace unos pocos años más ha surgido de entre la maleza de un oscuro y lúgubre bosque otro ser despreciable y tenebroso. De las profundidades del averno llegó a la tierra para instaurar el reino de las sombras entre nosotros. No es Losantos, pero podría ser. El vil y pútrido ser es Patricia Gaztañaga, una especie de infra- humano amoral- inmoral e Inma del Moral un poco también.
Menudo personaje despreciable y abominable. Se ha montado un programa, una especie de pocilga de la más baja calaña donde algunos personajes a cual más bizarro va a que la suma sacerdotisa de lo chabacano le “ayude”. Alguna que otra vez lo veo… me va ver la bajeza humana y el frikismo. Ella está ahí cual Torquemada de tres al cuarto, haciendo juicios sumarios sobre cada personaje que por ahí aparece, juzgando, hundiendo el dedo en la mismísima llaga para ver cuánto más lejos puede ir. Exprimendo al máximo las fatalidades de la gente que por ahí se pasea. (Pero el poco amor propio del que estas personas hacen gala son tema de otro post) . Y poniendo cara de satisfacción diabólica cuando ve que ha conseguido que su personaje se arrastre sobre el fango y se hunda. Siempre me he preguntado qué pasará el día que a alguno de los invitados le de un colapso cardiovascular Bueno, de hecho eso estuvo a punto de pasar; fue muy grotesco, pero ahí estaba ella, la más perra, frotándose las pezuñas y disfrutando cual marqués de Sade del freak-show.
Que la empalen ya mismo, aunque bastaría con no poner la tele a esa hora y en ese canal: çest facile.
Cambiando por completo de tema mis aspiraciones a moderna se han truncado del todo, definitivamente los pantalones vaqueros pitillo que tanto furor están causando entre las “fassions” de BCN no me sientan nada bien, y ya he dado con el porqué: tobillos y gemelos demasiado gordos; con ellos puestos me siento como un embutido. De hecho, me quedan de puta pena. Estoy destinada por siempre jamás a los pantalones campana. Mis ínfulas de modernidad no podrán ser, nunca, completadas.

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