reflections

31 de Agosto de 2005 Pauli la Ladrona

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Chorro, luego existo.

Probablemente hoy este haciendo una especie de confesión que tampoco lo es tanto ya que no me corto demasiado en reconocerlo. “Yo Robo”.

Sí, soy una mangui, no me aterra ni me causa estupor ni rubor reconocerlo, una es lo que es y con ello ha de vivir, asumiendo su sucia condición de ratera de poca monta, porque otra cosa no seré pero de poca monta un rato.

Aún puedo recordar, como si fuese ahora mismo, el sentimiento de excitación que me produjo la primera intentona de saqueo al “Corte Sajón”.
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24 de Agosto de 2005 ¿es la vida una puta tombola?

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Cuando me aburro de la hostia y no tengo nada mejor que hacer, me dedico de lleno a mi nuevo jueguecito virtual. Se llama: ¿ “Qué ha sido de mis compañeros de clase?”. La trama del juego es bien simple y llana, voy a mi oráculo prodigioso (Google) y en la casilla de búsqueda pongo el nombre de alguno de ellos. Como los años van haciendo su jodida mella hay más de uno me cuesta recordar, así que me detengo un momento, cierro los ojos, entro en meditación shaolín trascendental y me sumerjo en lo más adentro de mi misma, que no es mi parrús, sino mi conciencia más escondida. Normalmente no suelo recordar algunos nombres, pero los que más me marcaron sí que aparecen, ya que nunca desaparecieron de mi sesera y siempre están presentes en mi vida.
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4 de Agosto de 2005 EL TRUÑO LEGENDARIO

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Alguien, hará por lo menos 2 años, caminaba por Puerta del Angel y sin darse cuenta pisó de manera fortuíta un truño de perro, lo extraño es que yo jamás he visto un sólo excremento animal por esa zona, así que esa persona, llamémosla Pedro o Maria, probablemente pisase la boñiga en otro barrio de la ciudad y no se percató de que la llevaba arrastrando desde hacía rato.
Pedro o Maria se dirigía hacía el centro para comprarse algún libro, posiblemente “El Codigo da Vinci”, y entró en el Corte Inglés .
Supongo que fue ese el momento en el que se dio cuenta de lo que sus suelas portaban desde hacía rato: la semejante defecación. Decidió que tenía que deshacerse de ella ipso facto, así que seguramente pensó que lo mejor que le venía en ese momento eran unas largas escaleras para arrastrar más cómodamente las suelas, y ¡qué mejor que las escaleras que llevan a la sección de libros de la cadena de cortes ingleses!.
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